Por
Rodulfo Reyes
En sus 39 años de ejercicio, que cumplirá el próximo mes, este reportero no había visto una campaña de repudio tan intensa contra un político —se supone— ya retirado, como la que hoy tiene como blanco al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Impulsada, hay que decirlo, principalmente por sus adversarios políticos, esa animadversión ha encontrado en las redes sociales un terreno fértil. Miles de usuarios comparten una y otra vez una supuesta declaración del cronista Carlos Monsiváis sin detenerse a verificar si realmente dijo que el tabasqueño era capaz de hacer «cualquier cosa» por dinero.
Si fuéramos malpensados podría aventurarse que desde la propia Cuarta Transformación se dejó correr la versión de que Monsiváis fue pareja de López Obrador para desviar la conversación pública y alejarla de las investigaciones que autoridades de Estados Unidos mantienen sobre personajes vinculados al movimiento.
Los memes, que exhiben el ingenio pícaro de los mexicanos en su máxima expresión —como el cartel con la frase AMLO, el que lo lea— circulan de manera masiva, incluso en los chats de personas que normalmente no siguen la política.
De pronto, muchos dan por hecho que el exmandatario sostuvo un romance con el prolífico escritor y periodista fallecido hace 16 años.
Todo surgió de una entrevista publicada hace 25 años por El Universal, a la que posteriormente se le añadieron dos párrafos inexistentes en la versión original.
En este «nuevo» texto se atribuye a Monsiváis la revelación de que fue pareja sentimental del expresidente. También se le hace decir que López Obrador aspiraba a convertirse en un moderno Julio César y que era capaz de hacer «cualquier cosa» por dinero.
Ni siquiera el desmentido de amigos y familiares del escritor, quienes han señalado que esos párrafos nunca fueron escritos ni pronunciados por él, ha logrado modificar la conversación pública.
Verdad o mentira, millones de personas ya emitieron su propio veredicto. Lo preocupante es que el debate ya no gira en torno a la autenticidad del documento, sino a las burlas y descalificaciones derivadas de una supuesta relación sentimental.
Un último apunte: durante años, López Obrador pareció revestido de un teflón político que hacía resbalar cualquier campaña en su contra. Hoy ese blindaje ya no parece infalible. Sea por desgaste, por el cambio del clima político o por la velocidad con que se propagan las redes sociales, la imagen del exmandatario enfrenta un escenario muy distinto al que conoció durante buena parte de su carrera.




