Por
Rodulfo Reyes
Muchos se preguntan por qué la violencia no cede en Tabasco a pesar de la detención de Hernán Bermúdez Requena, el exsecretario de Seguridad de Adán Augusto López Hernández y a quien las autoridades señalan como fundador y jefe de La Barredora.
La interrogante parece lógica, pero parte de una premisa equivocada: que con la caída de Bermúdez cayó también la organización que durante años encabezó.
No fue así. En documentos de inteligencia militar filtrados por Guacamaya Leaks, Bermúdez aparece identificado como Comandante H y señalado como una pieza central de La Barredora, grupo criminal ubicado como apéndice del CJNG.
Los reportes, divulgados públicamente desde 2022, daban cuenta de la sospecha del Ejército sobre sus vínculos con esa estructura criminal.
Pero cuando el exfuncionario fue detenido en Paraguay, el 12 de septiembre de 2025, hacía tiempo que había dejado de tener el control total de La Barredora, que ya se había fracturado.
De acuerdo con declaraciones de testigos colaboradores de la Fiscalía General de la República (FGR) y datos incorporados a carpetas de investigación —entre ellas la FED/FEDO/FEITATA-JAL/0000224/2025—, el quiebre ocurrió en diciembre de 2023.
Ese es el dato que suele perderse cuando se analiza la violencia actual a partir de la captura de Bermúdez: La Barredora se partió antes de que cayera su jefe y fundador.
La historia de la organización se remonta, según esas indagatorias, a la campaña electoral de 2018. Bermúdez, entonces encargado de la logística de Adán Augusto como candidato a la gubernatura de Tabasco, habría contactado a Trinidad Alberto «N», alias El Pelón de Playa, señalado como el principal cabecilla del crimen organizado en Tabasco, para pedirle que redujera la violencia durante el proceso electoral.
El 30 de diciembre de 2019, ya con Adán Augusto en el gobierno, El Pelón de Playa fue detenido en el municipio de Jalapa. Después aparecieron mantas en las que integrantes de su grupo acusaban a Bermúdez de haberlos traicionado.
A partir de entonces, Bermúdez habría avanzado en la construcción de su propia estructura criminal, con Ulises «N» y Carlos Tomás «N» entre sus operadores y un sujeto apodado El Prada como jefe de sicarios.
Las investigaciones incluso señalan que Bermúdez habría facilitado la fuga del penal de Cárdenas de otro delincuente identificado como El Rayo, quien habría salido del reclusorio a bordo de una patrulla de la entonces Secretaría de Seguridad Pública.
El punto de quiebre llegó el 22 de diciembre de 2023. Una balacera en la casa del H en el exclusivo fraccionamiento Campestre, en Tabasco 2000, exhibió la disputa interna.
Una facción permaneció con Bermúdez, mientras El Prada y El Rayo se separaron y comenzaron a disputarle el control.
Carlos Tomás «N», de acuerdo con su declaración ante la FGR, sostuvo que por esos días el entonces gobernador interino Carlos Merino Campos pidió a Bermúdez que «calmara a su gente», debido a que el presidente Andrés Manuel López Obrador pasaría la Navidad en Tabasco.
Después vino la ruptura definitiva. Bermúdez intentó recuperar las armas de la corporación que, según las investigaciones, había entregado a El Prada, mas este se negó.
A partir de ahí, La Barredora dejó de ser una organización bajo un solo mando, y sus antiguos mandos comenzaron a disputarse territorios.
Por eso resulta insuficiente decir que la violencia debería haber terminado con la captura de Bermúdez. El Comandante H cayó, pero la estructura criminal que ayudó a construir ya se había fragmentado.
Una de las facciones surgidas de esa ruptura, de acuerdo con las investigaciones, quedó en manos de El Prada y El Rayo, lo que explica que la disputa criminal no desapareciera con la detención de quien durante años fue señalado como su principal jefe.
Esa es la paradoja: la organización perdió a su fundador, pero no necesariamente su capacidad para generar violencia. Más que preguntarse por qué la violencia no terminó con la caída del Comandante H, habría que cuestionar qué parte de La Barredora fue realmente desmantelada y cuál simplemente cambió de mando. Ahí está, probablemente, una de las claves para entender lo que ocurre hoy en Tabasco.




